Unos padres de acogida colaboradores de la Junta de Andalucía cuentan su experiencia con 17 menores desde 2003.

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La mejor pregunta de uno de los niños en acogida que han pasado por casa de la familia Chamorro, en San Lorenzo, fue ¿Cuánto tiempo lleva aquí Carmen?. Carmen era su hija biológica. «Ahí supimos que lo estábamos haciendo bien, porque no podían distinguir el trato a nuestros hijos del trato a uno de acogida». El padre de familia tiene claro que siempre que llega un niño a casa «es un regalo, y cuando se va, es un pinchazo en el corazón que hay que pasar». El dolor se mitiga estando en conctacto con el menor a través de su familia adoptiva definitiva o con su familia biológica o extensa en caso de que la situación por la que perdieron la custodia temporalemente se haya encauzado y los Servicios Sociales comprueben que es el mejor lugar para que crezca.

Luis explica desde la experiencia con niños de acogida en casa de distintas edades y circunstancias, que los beneficios son múltiples. «Los niños vienen a casa saliendo de situaciones extremas de pobreza, violencia, enfermedad o adicciones de sus progenitores o incluso malnutrición y nos necesitan», argumenta.

Hay varias situaciones de acogimiento formalizado con la Junta, las acogidas de urgencia, los fines de semana y en vacaciones, son algunas de las posibilidades. El deseo de la Junta de Andalucía es que ningún niño menor de 6 años pase por un centro de acogida sino que directamente sea acogido en una familia. En Córdoba hay 550 menores tutelados. en estos momentos hay 247 menores acogidos en diferentes modalidades en un total de 189 familias y en el año 2016 se realizaron 47 nuevos acogimientos como los de la familia Chamorro.

En la modalidad del denominado «acogimiento de urgencia», cuando acaban de retirarle la custodia a unos padres, por el hogar de los Chamorro han pasado hasta 17 niños. Durante 2015 pasaron tres menores al mismo tiempo que estuvieron varios meses.

Dos cunas en la habitación

«A veces, a un lado y a otro de la cama de matrimonio, teníamos colocadas dos cunas, con dos bébés. Eran noches largas, popero nunca hemos tenido ningún problema», recuerda Toñy.

«Teníamos tres niños en acogimiento de la Junta y llegó Atally de Tierra de Hombres. Nos juntamos con cinco niños entre 4 y 8 años. Atally, que vino en julio, ha vuelto a Togo (África) el pasado diciembre totalmente curado sin que precise ya revisiones de su cardiopatía. Hace dos semanas, dos de los tres hermanos que coincidieron con él se han ido en adopción», explican los Chamorro.

De esos tres hermanos (de un total de cinco que estaban tutelados por la Junta), y que han estado en la familia de Luis y Toñy, la hermana 8 años ya está con su familia adoptiva definitva y el más pequeño también.

Toñy cuenta que, para ellos, conocer a los padres adoptivos y ver cómo cuidan de estos dos hermanos que han estado un año en casa ha sido «una experiencia emocionante. La niña está guapísima, estupendamente, y el chico, de saber que es su casa para siempre, también. Los hermanos junto con el que aún está en casa se ven todas las semanas, se llaman por teléfono y las conversaciones son cariñosas, con frases que no las decían cuando llegaron como «te quiero, hermano».

Los cambios de la familia de acogida a la adoptiva se hace de forma en la denominada «fase de acoplamiento», esto es que le pasamos todas las informaciones que tenemos sobre el menor, sus gustos, el medico o cómo va en el colegio. Además, explica Toñy, «prepararamos a los niños creandole expectativas, para que tengan ganas de conocer a sus padres adoptivos».

Los niños que van a familias de acogida traen una asignación económica por parte de la Junta, que es suficiente para sus pañales o manutención, pero sobre todo, ellos dejan en las familias una enorme huella de cariño y una experiencia vital única.